The White Bow: cuando lo arquitectónico, lo náutico y lo sostenible se juntan

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© Alfonso Calza

 

The White Bow es el edificio en Valencia, España que muestra cómo lo arquitectónico puede echar mano de cualquier cosa, incluso de lo náutico. Esta obra, fruto de la sinergia entre el ingeniero naval Julio César Galiana (Graphenano) y el estudio de arquitectura Onside, es el claro ejemplo de las nuevas formas, conceptos y materiales que manejará la arquitectura del futuro.

 

Ubicado en el polígono industrial de Picassent, esta edificación fue un encargo que Gazechim Composites Ibérica hizo al equipo anteriormente mencionado, con un solo propósito: poner de relieve los avances tecnológicos de la náutica en la arquitectura y la construcción, empleando las materias primas con las que trabaja la empresa dueña del edificio. Así pues, Gazechim Composites, pioneros en la introducción de los compositores tipo GRP en el mundo de la construcción en España, pone a su sede como ejemplo de lo que es posible hacer cuando se apuesta a una construcción más inteligente.

 

El ejemplo que empieza por casa

La empresa de sólida trayectoria y con representación en 36 países, en 2020, marcó un hito al, junto con Graphenano, presentar el primer barco de grafeno del mundo. Así pues, el White Bow, puede ser visto como la continuación de su apuesta por la introducción de nuevos materiales en diferentes ámbitos.

 

De hecho, este edificio es en sí mismo una aventura tecnológica de Gazechim Composites Ibérica, pues a través de él muestran todo lo que los composites tipo GRP pueden aportar en el mundo de la construcción. Por fortuna, la osadia no pasó desapercibida y el proyecto, que obtuvo el primer premio de los JEC Innovation Awards Chicago en la categoría de construcción, y el NAN Award en la categoría de técnicas y soluciones constructivas.

 

Explican los arquitectos del estudio Onside, Carlos Bonet y Carlos Balada, que en principio, al diseñar White Bow, tuvieron como objetivo crear un edificio con un material que, hasta hace muy poco, era inconcebible en la construcción, pero que una vez levantado, aportara una fuerte dosis de innovación al sector, mostrando las posibilidades que los compuestos de PRFV pueden ofrecer a la arquitectura.

 

© Alfonso Calza

 

El voladizo de material compuesto más grande mundo

No contentos con romper con todos los parámetros establecidos en cuanto formas y materiales de construcción, White Bow posee el voladizo más grande del mundo fabricado con compuestos nanotecnológicos de última generación a base de grafeno. La marquesina sobre el muelle de carga del centro logístico, está formada por una estructura autoportante de doble curvatura, de 340 metros cuadrados, sin juntas. Esto la convierte en una pieza única no solo por sus dimensiones, sino también ser la primera aplicación en el sector de la construcción que utiliza esta tecnología de carbono en la matriz polimérica.

«Nuestra sede es la prueba de que una construcción más inteligente es posible, centrándose en aspectos tan importantes como la resistencia, la durabilidad, la innovación y la sostenibilidad. El uso del grafeno mejora las propiedades mecánicas de los composites, por lo que no cabe duda de que estos dos materiales representan el presente y el futuro en muchos ámbitos», asegura Miguel Ángel Medina, director de Gazechim Composites Ibérica.

Una apuesta sostenible

Con la sostenibilidad pesando en todo lo que tiene que ver con la arquitectura, uno de los grandes retos del diseño de este proyecto fue la introducción de elementos reciclables y sostenibles.  Así pues, al incorporar en la construcción el uso del núcleo de PET reciclado Kerdyn™ Green 100%, el cual posee excelentes propiedades mecánicas, no solo consiguieron construir un edificio que genera una baja huella de carbono en el medio ambiente, sino que contribuyeron a la reutilización de más de 12.000 botellas de PET recuperadas de los océanos.

White Bow incluye también otros elementos que han sido nanomodificados con grafeno, como los 880 metros lineales de perfiles de PRFV distribuidos a lo largo de su fachada, que forma un sistema de lamas diseñado deliberadamente para optimizar la respuesta energética del edificio a la radiación solar.

Luego de leer todo esto seguramente se dirá: “impresoras láser 3D, materiales de náuticos, reciclaje ¿qué será lo próximo que la arquitectura traerá?”. Pues bien, déjenos decirle, que nos preguntamos lo mismo.

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