Lo que el coronavirus nos dejó

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Irónicamente, el coronavirus ha sido inclemente en los países más ricos, y si bien ha puesto a los gobiernos a correr y ha vestido a la humanidad entera de luto, también la está empujando a reflexionar. Y no es para menos. Ya se cuentan por miles los decesos que esta pandemia, que nos tomó a todos por sorpresa, ha generado.

A esa inmensa lista se le ha sumado recientemente un nombre conocido: el de Vittorio Gregotti. Este arquitecto, intelectual y ensayista italiano, para quien la ciudad era “la manifestación más compleja del hábitat”, se unió a los tantos adultos mayores que han dejado adoloridos los corazones de parientes que no han podido ni siquiera decir adiós.

A sus 92 años, el artífice de 1500 proyectos entre los que se cuentan del Centro Cultural de Belém, en Lisboa; de la remodelación del Estadio Olímpico de Montjuic de Barcelona; del teatro Degli Arcimboldi de Milan y del espacio lírico de Aix-en-Provence, partió dejando sembrada en las generaciones admiradoras de su trabajo, la inquietud de un mantra que reza que «la forma que sigue a la función», en un tiempo en el que, al parecer, la función está llamada cada vez más a cuidar el medioambiente.

 

 

Arquitectura en clave de pandemia

La segunda pandemia del siglo XXI (la primera se originó en 2009, con denominada Influenza A o H1N1) ha puesto a pensar a todos desde sus áreas de acción. Ya se ven por ahí propuestas de diseño que, alarmantemente, van dirigidas al aislamiento social y espacial. Enfoques que invitan a sustituir oficinas por grupos conectados a través de la tecnología o cápsulas plásticas que engloban a las personas para separarlas de sus semejantes, son las tendencias más populares en este momento.

Por su parte, la arquitectura enfocada a los centros de salud tiene un ojo revisando el pasado y otro mirando al futuro en lo que respecta a la fabricación de unidades modulares de atención médica. El de famoso resort californiano Asilomar, proyectado hace más de 100 años por la Julia Morgan, se ha puesto como modelo para este tipo de construcción por tener habitaciones individuales con ventilación natural adecuada, sistema de climatización individuales (sin compartir cañerías) y superficies fáciles de limpiar.

Ya mirando de frente al futuro muchos grupos de arquitectos están pensando en echar mano de tecnologías en boga como la impresión 3D para empezar a construir unidades de “triaje” que, a la manera de los servicios de comida rápida, puedan consultar y diagnosticar a los pacientes y con ello evitar que hospitales colapsen. Más en el presente, una opción que esta siendo manejada en este momento, son los hospitales hinchables.

Estas construcciones provistas de sistemas de seguridad que evitan la propagación de bacterias, se han convertido en una solución inmediata para la urgencia que representa la actual pandemia. Tejidos de alta resistencia con material de cloruro de polivinilo (PVC), materiales ignífugos, lastre para aguantar ráfagas de viento de 100 kilómetros por hora, y muchas otras características hablan de lo altamente tecnológicos que son estas unidades hospitalarias.

 

 

Historia repetida

No obstante, si a ver vamos, todas estas medidas de emergencia no difieren en mucho de los que en otras épocas ha hecho la humanidad. Por poner un ejemplo, remoto pero ilustrativo, la peste negra que afectó Eurasia en el siglo XIV y que causo la muerte de la tercera parte de Europa, fue el motor para la innovación que desembocaría en el advenimiento del Renacimiento y todas las nuevas tecnologías y estrategias urbanas que le sucedieron.

El coronavirus va, al parecer, por el mismo camino. Es decir, a acelerar respuestas tecnológicas que están desvinculadas de la consciencia de responsabilidad que los seres humanos tenemos en lo que está pasando. Según los expertos en el tema, esta actitud nos condena irremediablemente a la repetición, pues se le estaría dando un paliativo al síntoma, y no un remedio a la causa que bien puede ser resumida en una frase: “un planeta enfermo mal puede tener seres vivos sanos”.

En un momento en el que los nuevos materiales y las nuevas tecnologías abren el paso a una moderna era en la construcción, vale la pena recordar lo que Mies van ser Rohe decía: “la arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio”, y preguntarse qué tipo de espacio queremos construir cuando la emergencia pase. ¿Estamos preparados para vivir encapsulados sin poder tocar a los otros, y viendo el cielo desde una burbuja?

El cambio en la forma en que se come, vive y se construye es la prioridad en este momento. La humanidad entera está llamada a transformarse y no solo por fuera, sino también por dentro.

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