Cómo echar mano de la neuroarquitectura en medio del confinamiento

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La neuroarquitectura es, sin duda, una estupenda herramienta para ocupar nuestra mente y encausar nuestra energía durante los días de confinamiento. ¿Pero, en qué consiste y cómo puede ayudarnos? Lo primero que debemos decir es que forma parte de la neurociencia, y que básicamente busca crear espacios que proporcionen felicidad, bienestar y productividad a las personas que los ocupan.

¿Y usted se preguntará qué cómo puede hacer esto? Pues bien, cambiando algunas cosas en los diferentes ambientes de su hogar que, sin darse cuenta, pueden estarle causando ansiedad, depresión o malestar.

En este tiempo en el que debemos estar en casa, seguramente habrá notado que hay áreas en las que prefiere estar y otras que, por el contrario, rechaza. Esta es una muy buena oportunidad para implementar algunos tips de neurociencia aplicada al diseño y la arquitectura para convertir ciertos espacios en lugares para la armonía y darle toques interesantes que inviten a la productividad a aquellos a los que vaya a usar como oficina.

Póngale verde

Uno de los postulados más interesantes de la neuroarquitectura es el relativo al uso del color.  Por ejemplo, los decoradores de interiores y arquitectos que la usan suelen hacerse del verde para lograr crear espacios relajantes y armoniosos. Recientemente en la revista AD, la arquitecta e interiorista especializada en neurodiseño y viviendas pasivas, María Gil, señalaba que, si bien el color es una de las dimensiones más económicas, fácilmente manipulables y efectivas para cambiar la percepción que nuestro cerebro tiene de un espacio, el incorporar elementos decorativos naturales y texturas orgánicas, también ayuda y además aporta sensación de bienestar.

Esto explica porque nuestras madres y abuelas, de una manera muy intuitiva, solían colocar flores y plantas en algunas zonas de la casa. No obstante, la arquitecta explica que, además de generar belleza, la razón de ello es filtran elementos contaminantes. “Nuestra información genética está modelada para vivir en la naturaleza, al aire libre”, asegura.

No obstante, si el espacio es reducido o debido al confinamiento, el ir a comprar plantas no es una opción, la experta en neurodiseño, afirma que pintar la pared de verde o poner una fotografía de naturaleza, produce el mismo efecto. “Por ejemplo, si pintamos un techo de azul cielo, el cerebro lo asocia automáticamente con un espacio abierto, lo que en estos momentos cae fenomenal”.

 

 

Reorganizar la cocina

Un cambio en los gabinetes, estantes, incluso una reorganización general de la cocina, no solo dará a su cerebro algo diferente en qué pensar, sino que genera un ambiente de renovación que crea sensaciones positivas.

¿Por dónde empezar? Pues lo más sencillo: cubiertos, platería y ollas. Pregúntese si están en el lugar más idóneo para servir o cerca de la mesa. En el caso de las ollas siempre es recomendable que estén lo más cerca posible a la estufa. Acá también puede aplicar una reingeniería y organizarlas por el uso. Y así tendrá adelante las que con más frecuencia emplea y las otras, al final del cajón o gabinete.

En cuanto a la decoración, también puede ponerle un poco de neurodiseño a este espacio, colocando libros de cocina, alguna pintura, afiche o foto alegre que le guste. Esto le dará carácter a este espacio y hará que disfrute lo que cree en él.

 

 

Ábrale espacio a su trabajo en casa

Después de trabajar en la cama o en la mesa de la cocina durante varias semanas, le aseguro que odiará ese lugar (eso sin contar que le dolerá la espalda). Así que, si de ahora en adelante su casa será una extensión de su ambiente laboral, lo mejor es que le abra puesto al trabajo en esta.

Lo primero para ello es encontrar un espacio, iluminado, ventilado y tranquilo en el que se pueda concentrar. Intente que este espacio no esté en su habitación o en la cocina. Si tiene una casa o apartamento pequeño, lo mejor es que reajuste algún espacio en el living en el que pueda poner una mesa con lo necesario (computadora, libros, papeles, teléfonos, etc.)  y, sobre todo, que se haga de una buena silla.

Si no le queda más remedio que hacer un puesto de trabajo en su dormitorio lo recomendable es que éste lo más lejano a la cama y que al finalizar el trabajo, desconecte todo lo referente a él. María Gil a este respecto aconseja incorporar lámparas de mesa, jarrones, macetas, lapiceros o velas con formas redondeadas y, sobre todo, una planta para suavizar las líneas rectas de la mesa y materiales de trabajo.

Como verá, descubrir el lado positivo de estar en casa y darle una mira distinta al espacio del que disponemos, puede hacer que esta situación, sea algo más llevadero.

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