Copenhill: el ejemplo de la ‘sostenibilidad hedonista’

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Copenhill es el mejor el ejemplo de la sostenibilidad hedonista y por ende la prueba de que la arquitectura puede trabajar a favor del medioambiente. Esta central eléctrica transformada por BIG-Bjarke Ingels Group y la firma de arquitectura paisajista SLA, es un modelo al que muchos querrán seguir y ya verá por qué.

El espacio conocido también como ‘Amager Bakke’, ya ha sido abierto al público en Copenhague, Dinamarca. El proyecto, que comenzó en 2013, tuvo como objetivo central transformar la capital danesa en la primera ciudad neutral en carbono del mundo para 2025, incorporando a la misma la idea de ‘sostenibilidad hedonista’ del arquitecto danés Bjarke Ingels. Esta visión de ‘ciudad sostenible’ no solo toma en cuenta la mejora del medio ambiente, sino crear un entorno más agradable para la vida de sus ciudadanos.

Así pues, Copenhil o ‘Amager Bakke’ es, en síntesis, una planta de conversión de residuos en energía que tiene un centro de educación ambiental y un centro de recreación urbana con pista de esquí, ruta de senderismo y rocódromo. O en palabras de Bjarke Ingels, genio creador de este concepto, “Copenhill es un sitio que ha podido convertir su masa de construcción en un centro que da vida social la ciudad gracias a su fachada escalable, techo caminable y laderas esquiables».

 

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Cuando las ganas y la tecnología se juntan

El proyecto concebido como una pieza de infraestructura pública con «efectos colaterales sociales”, tiene en su corazón una central eléctrica de desechos que trabaja 24 horas al día con tecnología de punta. Para hacer esto posible el equipo de BIG organizó el posicionamiento preciso y la organización de la maquinaria de la planta en orden de altura. Todo para crear un techo suficientemente inclinado para un terreno de esquí de 9.000 metros cuadrados.

Además de albergar la maquinaria requerida para convertir 440.000 toneladas de desechos anualmente en energía limpia para 150.000 hogares, el edificio también acoge diez pisos de espacio administrativo, incluido un centro educativo para visitas académicas, talleres y conferencias de sostenibilidad. Un detalle muy interesante, es que la planta ofrece el mejor rendimiento ambiental sin apenas emisiones ambientales, lo que le permite tener vecinos a solo 200 metros de distancia y estar ubicados a menos de 2 km del palacio real danés.

La fachada del edificio consta de ladrillos de aluminio apilados, con acristalamiento integrado colocado para permitir que entre la luz del día. La fachada vertical más larga cuenta con un muro de escalada de 85 metros de altura (280 pies) que ofrece vistas al interior de la fábrica. Finalmente, en la parte inferior de la pista de esquí, hay un bar que permite a los visitantes relajarse bien después de un día en la pista o bien para disfrutar de una bella vista.

Pero no todo es sobre esquí en Copenhill. El proyecto incluye un parque natural en la azotea y una ruta de senderismo que invita a disfrutar -en plena ciudad- de un paisaje montañoso con plantas y parajes rocosos, en el que hay unos 7.000 arbustos y 300 pinos y sauces. De esta manera, este lugar también actúa como un generoso regalo verde que renovará radicalmente el área industrial adyacente. En pocas palabras, la sostenibilidad hedonista a la que apuntó este proyecto pronto será parte de las nuevas propuestas dentro de la arquitectura verde que parece llegó para quedarse.

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